Archive for abril, 2010


Historia y Origen del Mandala

La palabra mandala viene de la India y proviene del sánscrito, y significa “Círculo Sagrado”. Es un símbolo de sanación, totalidad, unión, integración, el Absoluto.

Psicológicamente, los mandalas representan la totalidad de nuestro ser. Dado que reflejan la psique humana, cada persona responde a ellos instintivamente, más allá de su edad, género, raza, cultura, etc.

En la cultura egipcia, los mandalas eran utilizados debido a la fuerza que estos transmitían, llenando de energía el lugar y como instrumento de meditación profunda. También se usaban dentro de las casas para atraer la energía o transmutar la negativa en positiva, así como para crear armonía y balance en la casa.

En la civilización China aun en la actualidad, son utilizados para generar abundancia y prosperidad así como para fortalecer la salud.
En tribus indígenas americanas se hacen presentes en coloridos bordados adornados con plumas y animales nativos.
En algunas tradiciones se empleaban como protección contra los malos espíritus y como una especie de amuleto para promover la valentía y el coraje.
Los nativos Navajo celebraban ceremonias, las cuales incluían oraciones y pinturas de arena representando diversos mandalas. Estos no eran permanentes, invocaban a los seres sagrados a la vez que servían como altares provisionales. Se dibujaban dentro de los hogares beneficiando, con cada mandala, no solo a los habitantes de esa casa, sino también a todos los miembros de la tribu.
Los Dogon de Mali poseen una metafórica relación entre el lenguaje y los símbolos, sus complejos mandalas hablan del “huevo de amma” como el vientre que alberga los signos del mundos, de ahí que el mandala mas representativo de esta maravillosa cultura tiene forma ovoide, trazado por una cruz en su interior, la misma divide al mandala en cuatro partes distintas que representan a su vez lo cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales.
Para esta cultura, meditar y trabajar la propia evolución sobre la base de sus mandalas, es un elemento esencial para llegar a comprender su lugar en este mundo así como para identificarse con el cosmos y con el infinito.
La Cábala, ciencia sagrada que obedece a las leyes más simples de la naturaleza, posee dos principios que la sostienen: las letras del alfabeto hebreo y los “Sefirot”.

Los sefirot están formados por diez esferas, en las cuales la luz divina es recibida y se manifiesta a través de ellas. Las diez etapas sucesivas de la luz, dan al hombre la posibilidad de comprender el infinito y acercarse a lo Divino.

Las 22 letras hebreas pasan por los 10 sefirot del árbol de la vida, formando así el mandala.
Cada sefirot representa distintos planos de la conciencia por los cuales es necesario transitar para evolucionar y encontrar así, la esencia del ser en una unión con lo absoluto.
Las runas de las tradiciones nórdicas, son contenedoras de diversos símbolos que representan la búsqueda de la armonía en relación con lo interno y lo externo. Representan energías sagradas que hacen referencia a los distintos planos de la conciencia.
A pesar de que los mandalas se encuentran presentes en cada rincón del mundo, sus origenes nacen en el Janaismo, Tantrismo, Hinduismo, Budismo y lamaísmo.
Su nombre hace referencia al sánscrito, en tibetano es KYLKHOR (KYL: centro KHOR: circulo) literalmente seria “el centro de los alrededores”.
Los mandalas tibetanos de arena suelen elaborarse a pedido de la comunidad con la intención de traer paz y armonía al mundo, a un lugar determinado y a sus habitantes; también son utilizados como valiosas bendiciones y como instrumentos de meditación activa, cuya esencia descansa en su construcción.


Un mandala es básicamente un círculo, es la forma perfecta, y por ello nos representa el símbolo del cosmos y de la eternidad. Nos representa la creación, el mundo, el Dios, el ser humano, la vida. Podríamos decir que todo en nuestra vida posee las formas del círculo. Desde el universo (el sol, la luna, los planetas) hasta el esquema de toda nuestra naturaleza, los árboles, las flores, entre otros, todos siguen una línea circular. ¿Y que decir del átomo o la célula?. Todo lo que nos rodea tiene la forma de círculo. Que al mismo tiempo nos representan los ciclos infinitos de la vida. Y si observamos nuestro cuerpo, nos daremos cuenta que todas nuestras formas son redondeadas, esto nos recuerda que somos sistemas dentro de sistemas, pertenecemos al Absoluto y el Absoluto está en nosotros.

Tomando de la red

El Proceso de Crear Mandalas

Siento por mi propia experiencia que el proceso de crear mandalas empieza primero dentro de uno, esa chispa interna que vibra y pide ser manifestada en un papel en blanco.

El mandala empieza a gestarse internamente y comienza en ese preciso momento el proceso que se vá dando con el tiempo justo que cada mandala necesita. Es como un embarazo que se lleva dentro y toma su debido tiempo hasta que uno siente que es hora de parirlo.

Cualquier situación interna puede provocar un mandala, desde un estado de tristeza profunda hasta un estado de plenitud interna.

Cuando se sienta que ya llegó el momento, primeramente se busca un tiempo y un espacio sagrado, un lugar tranquilo con luz y buena ventilación, se prepara el ambiente con música, inciensos y velas, preparando el tabernáculo donde vá a nacer nuestro mandala.

Y así en estado de meditación se busca el papel primero, y no cualquier papel, tiene que ser el lienzo con el que uno se pueda conectar. Con suavidad se lo toca, se lo acaricia, y él responde y se dá la primera conexión. Uno lo habla y el papel contesta y en esa sincronizidad palpándolo, se cierran los ojos y se entra en comunicación entre lo de adentro y lo que está por nacer ,estableciendo el puente entre los dos mundos.

El siguiente paso, los colores, es bueno tener variedad de tipos y colores, y ponerlos frente a uno abriéndolos en una mesa, todo un arco iris a la disposición de uno. Rojos, azules, naranjas, marrones, todos se abren con su propia energía como instrumentos mágicos listos para la gran creación. Los colores van a ser elegidos a medida que transcurre el proceso de creación utilizándolos instintivamente, dejando a un lado lo racional.

Viene el momento de trazar el círculo que sostendrá todo el contenido, se puede simplemente hacerlo con un plato o utilizando un compás. El tamaño del círculo dependerá del tamaño del papel . No hay que dudar en nuestra intuición, hay que dejarse llevar durante todo el proceso de la mano de esta gran maestra sabia.

Tenemos el ambiente propicio, el papel, los colores y el círculo trazado y es ahí cuando empieza la mente y los conceptos a jugarnos (distraernos). En mi experiencia y en la que he visto en otros, es en este momento en donde aparecen las trabas y los bloqueos y vienen a nosotros preguntas como: “ Y ahora qué hago? ¿Cómo empiezo? ¿De dónde empiezo? ¿Qué tengo que hacer? Se respira profundo y si se quiere se hace una pequeña meditación para dejar salir lo oculto, lo desconocido, libremente es decir libre de mente, dejando a un lado los temores y los conceptos. No estoy haciendo una obra de arte y no espero la aprobación de los demás, voy a ser yo mismo.

Y el color llama y uno se compenetra con él y empieza a dejar fluir las manos, dejar fluir los sentimientos y los pensamientos en una sinfonía de expresión. Trazo tras trazo, pincelada tras pincelada, se vá abriendo ese mundo interior ante nuestros ojos. Y en una cita con nosotros mismos vamos plasmando todo lo que viene en una entrega meditativa donde el tiempo se detiene y estamos viviendo ese momento aquí y ahora.

En este tiempo sin tiempo no hay regla fija, todo es válido, y cada uno despierta su propio terapeuta interno. El parto termina cuando internamente e instintivamente sentimos que ya está, que no le hace falta nada, que está completito. Y ahí está nuestro hijo, nuestra creación, ahí estamos nosotros mismos expresados en la diversidad de colores y formas.

Tomamos distancia física de él y lo observamos de varios ángulos, honrándolo, admirándolo. Tomamos nuestro tiempo para respirar y digerir el proceso y luego procedemos a poner un norte a nuestro mandala. Lo giramos y sentimos cuál es su norte y cuando lo tenemos claro sentimos intuitivamente cuál es su título, le ponemos nombre. Escribimos el nombre de nuestra creación en la parte inferior así como la fecha para poder llevar un registro de nuestros procesos.

Lo ponemos en un lugar a nuestra vista para que esté presente despertando en nosotros nuevas pistas y nuevos descubrimientos. Cuando sentimos que el proceso interno ha terminado y se ha cerrado el círculo podemos guardarlo dentro del cofre de nuestros tesoros.

Por: Susana Guerini

La experiencia de este taller fue un círculo muy hermoso donde la energía mandálica fluyó con mucha armonía y aprendizaje!!! Gracias a todas!! Susana.

Mi experiencia con el taller de Mandalas: Por Sarah Granja

“Hacer mandalas ha sido como dar agua fresca al alma, descubrir donde hay una vertiente de agua de vida. Es una forma tan sutil y suave de hablar con uno mismo”.

Mi experiencia con el taller de Mandalas: Por Ma.Angelica Hidalgo

“Lleguè super curiosa, pensè que los mandalas eran tan misteriosos y que casi venìan hechos, me pareciò mágico que cada uno viene de muy dentro de nosotros, que cada mandala abría una comunicación conmigo me hablaba a mi y de mi.
Lo disfruté mucho y me encanta la idea de seguir experimentando en este camino que apenas comienza.
Muchos cariños Susana y gracias.”
Ma. Angélica

Mi experiencia con el taller de Mandalas: Por Marcela Ramirez
“Las seis sesiones de mándala fueron una revelación interior. Conocí una herramienta muy profunda, donde pude en un primer instante, callar mi mente y abrir un espacio para escuchar mi voz interior. Era esa voz que se expresaba en el papel, sin ningún criterio técnico ni de belleza, y quedaba reflejada en una figura que pareciera susurrar algo, sólo comprensible por mi ser.
Ahora sé que cuento con una herramienta más y que amplié mis opciones para escoger aquella con la que yo me sienta mejor en determinada situación de mi vida. Por ahora mantengo disponible cerca de mi cama, papel y colores, y en cualquier momento tengo un encuentro con mi propio Ser.
Mil gracias Susana por abrir estos espacios.”

Mi experiencia con el taller de Mandalas : Por Cristina Cordovez
“El taller de Mandalas es una herramienta muy valiosa que recibí gracias a Susi. Me ha servido mucho para poder apoyarme como psicóloga en conocer el mundo de mis pacientes de la manera en que ellos lo perciben. También me ha ayudado a nivel personal a concectarme con mi mundo interno y sanar a través de meditaciones los aspectos de mi vida que necesito sanar. Es una linda herramienta porque ayuda a conocerse uno mismo, a prestar atención a lo que nos sucede en el presente y nos permite trabajar individualmente sanándonos uno mismo. También desarrolla el hemisferio derecho, aumentando nuestra creatividad y de esta manera nos ayuda a desarrollar nuestra capacidad artística por un lado y por el otro nos vuelve mas auténticos y felices!!!!!”