Comparto con ustedes uno de mis procesos internos utilizando la herramienta “Mandala Intuitivo”. Este proceso lo he llamado “La mente al servicio del Corazón” pues se trata de un proceso que inició en la mente, transitó por otras vías hasta llegar a conciliarse en el corazón.

Este proceso se venía cocinando algunos días en mí y se pudo completar en un día intensivo de trabajo interno convirtiéndose así el “Mandala Intuitivo” realmente en “TU TERAPEUTA INTERNO”. Y es que ya los mandalas me pedían a gritos poder expresarme, eso se lo puede sentir intuitivamente y qué  importante es escuchar el llamado y dar importancia al proceso reservando el tiempo y el espacio adecuado para poder vivirlo. Muchas veces dejamos pasar  nuestro Momentum de creación y re-conocimiento poque damos más imortancia a “otras cosas” o bien porque no queremos enfrentarlo y lo tapamos hasta que vuelve aparecer con más fuerza.

Un proceso lleno de preguntas y cuestionamientos del camino que estaba viviendo en mi vida. Un re-plantearse todo y hacerlo primero de manera lógica y racional utilizando solamente la mente, la cual tenía todas las respuestas “sabidas”, las respuestas condicionadas oídas desde pequeña. La mente en “estado de derecho” sobreponiéndose al corazón.  Es decir el proceso que empezó a ser mental era esa parte exigente mía y que trataba de dar respuestas racionales a todo sin incluir una visión amplia de mis otras partes.

Decido que es mi tiempo de creación y elijo un espacio abierto y con mucha luz, pongo mi música preferida me tomo mi tiempo para respirar conscientemente y conectarme y empiezo la creación intuitiva. Mientras trazaba las líneas y las figuras geométricas sentía la necesidad de límites, de orden, de estructura, una estructura que pueda contestar todas mis preguntas y aprobar mis pensamientos. Así que mi creación salió geométrica, balanceada sin mucho detalle, sólo algunos  signos interrogativos aparecieron de todas las preguntas que tenía en mi mente.

Necesitaba encontrar equilibrio y este mandala me daba equilibrio pero seguía enganchada en lo mental, no sentía mi corazón y si bien mi mente con esta creación estaba conforme y tranquila, el proceso seguía moviéndose dentro de mí. Había equilibrio sí , los colores los podía sentir y vibrar en mí pero me faltaba contenido me parecía que eran formas geométricas como cajones vacíos.

Aquí está el primer mandala al inicio del proceso, su nombre “La simpleza del equilibrio” como 2×2 son 4 y no hay nada más, así era como lo sentía…una simplicidad excluyente.

Mandala Intuitivo

 

Tras unas horas de seguir moviendo mis pensamientos y dejándolos fluir con los sentimientos empezó otro proceso y así mismo la necesidad de crear otro mandala. Esta vez sentí usar pasteles, sentir los pasteles como se difuminaban con los dedos, quería fluir sin límites ni estructuras quería explorar otras dimensiones abiertas y no estructuradas.

Este mandala sin líneas rectas ni estructuras nació después, su nombre: “La pregunta de los orígenes” y es que sentía como una creación llena de procesos de nacimiento, las formas como células moviéndose para formar algo, como organismos acuáticos entrelazados, quizás también me dio la sensación de un nudo entre varias partes que había que safar para ir a la profundidad del proceso, a los orígenes de éste. Me sentí más fluida y liviana que con el otro mandala, y enseguida sentí crear otro para continuar el proceso.

Su nombre: “Permitiéndome fluir” y este mandala hizo que me volviera a conectar con mis sentimientos, con esa parte mía que quiere fluir y vivir desde el corazón, la mente me tenía atascada en una visión chica e impidiénome dejarme llevar. Usé para la creación agua y pasteles y disfruté mucho creándolo pues sentía que fluía esa parte amorosa y sabia en mí. Tenía tierra y cielo y en el centro una flor, una necesidad interna de florecer auténticamente. Combinando la suavidad de la tierra y el agua en la parte inferior con la fuerza de la transformación concreta en la parte superior, es decir ya estaba conciliando entre mente y corazón y el fruto de la unión: una flor, el fruto: vida en unidad.

Después de este mandala mi cuerpo se sentía cómodo y con necesidad de estirarse y tomar aire afuera. Ya podía percibir mejor los olores, los colores, la brisa, la energía………estaba sanando, estaba volviendo a mi centro………qué maravilla!!  Horas más tarde en el mismo día sentí sellar el proceso con un último mandala.

Este mandala es resultado de todo mi proceso, su nombre: “El equilibrio Ancestral, el equilibrio Intuitvo”. Fue una creación completa, estaba la mente, estaban mis emociones, estaba mi Ser expresándose en unidad!! La mente se había puesto finalmente al servicio del corazón!

Un equilibrio, una estructura amorosa, este equilibrio me llenaba, me satisfacía, me hacía sentir clara y sin contradicciones. Había orden, había claridad, había profunidad y fuerza. Un equilibrio orgánico e integral que me había dado las respuestas a mi proceso  y que me había proporcionado mucha calma y sentido. Estaba ya en mi centro lista para actuar y seguir caminando hacia adelante, hacia al centro y hacia arriba!!

Este proceso hizo que luego se abrieran en mi vida muchas puertas importantes y que lograra tomar decisiones de empoderamiento y de renovación. Se vació lo viejo y lo nuevo empezó a llenar el vacío.

Cada proceso es único e irrepetible, cada creación mandálica tiene su propio propósito sanador y uno debe rendirse y dejarse llevar hasta su gran final!!

Susana Guerini