Nacido en Octubre del 2011. Su nombre: “Buscando dirección para nacer”

“Dios es un Círculo que tiene su centro en todas partes,

y cuya circunferencia no está en ninguna”


Hermes Trismegisto

Todo el tiempo mientras estamos creando mandalas, estamos trabajando con símbolos, con el lenguaje símbolico que resuena en nosotros mientras nos entregamos a esta herramienta. Y ya desde el momento en que empezamos a trazar nuestro círculo en el papel estamos activando todo su lenguaje símbolico. El círculo como tal, es símbolo del cielo en relación con la tierra, representa la unidad, lo absoluto, la perfecciòn. Por ello se lo relaciona también con la protección, con el envase o el contenedor que acoge  y contiene amorosa e incondicionalmente. La redondez es sagrada por ser la forma más natural. Es la forma que contiene a las demás formas, el “Huevo Cósmico”, la eternidad.

Todas las culturas nos han dejado de herencia su experiencia más íntima a través del lenguaje simbólico y es que relacionarse con el mundo espiritual y hallar la conexión mística con la vida a través del símbolo es fundamental para el encuentro entre lo divino y lo humano.

Un símbolo viene a ser la expresión a través de una imagen, de una idea o concepto, emoción o sentimiento espiritual, un signo eterno de nuestra humanidad y de nuestra pertenencia a un colectivo sagrado mayor que nosotros mismos.

El símbolo es la manifestación de una idea profunda que se vá expresando por medio de un lenguaje oculto en un nivel perceptivo, sensible e intuitivo. El símbolo nombra las cosas y es uno con ellas, no las interpreta ni las define.

Cada cosa debe verse como una metáfora en la que este lenguaje codificado sólo es accesible para quienes se adentran en algún camino iniciático.

El símbolo, tradicionalmente, ha sido un intermediario entre dos realidades: una perceptible, intuitiva y una mental o conocida. Es el símbolo el vehículo que permite una conjugación de las dos realidades aportando información esencial tanto de nuestra naturaleza espiritual y cognitiva. A través del trabajo con símbolos en los mandalas podemos adquirir plena consciencia de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

El trabajo con símbolos conlleva una forma de introspección a través de la asociación libre, de la relación existente entre la historia individual y colectiva, así como con las leyes que rigen todas las cosas.

Esta  vía simbólica puede liberarnos de los prejuicios sólo si no se transforma en un dogma más, o sea, si no se transforma en una serie de respuestas memorizadas. De nada sirve trabajar con mandalas y con sus respectivos símbolos si no logramos conectarnos intuitivamente con ellos y permitir que nos hablen claramente y saber escucharlos. Si solo buscamos significados en los libros o que alguien nos dé la respuesta, nuestro espíritu sólo se empequeñecerá y se alienará en vez de crecer y enriquecerse.

El simbolismo nos abre las puertas de la percepción y de la intuición, nos permite adentrarnos directamente en nuestro mundo interno, reconocernos y recordarnos.

Los símbolos contienen conceptos únicos para cada persona, sus mensajes son llenos de frescura y claros como el agua. Trabajar con los símbolos implica antes que nada vaciarnos, dejar lo externo y el torbellino de pensamientos para poder “oir” lo que quieren decirnos. Es estar en el presente dentro de un ritual sagrado.  Actúan de manera silenciosa pero efectiva, sin obstruir con palabras el desarrollo del acto.

El trabajo interno por la vía simbólica es activo porque cuando aprendemos, realizamos un conjunto de operaciones y de procedimientos mentales que nos permiten procesar la información que estamos recibiendo, y es constructivo, porque estos procesos que llevamos a cabo nos permiten construir significado que va a depender de la interacción entre la información que tenemos almacenada en nuestra memoria y la nueva que recibimos.

Los mandalas son creaciones espontáneas, es el inconsciente espiritual común de la humanidad.

La función simbólica del mandala nos permite centrarnos. El círculo como tal tiene una capacidad ordenadora que estructura la multiplicidad de elementos que en un principio parecen irreconciliables. Ese poder unificador del mandala permite percibir lo esencial en uno mismo.

El trabajo con símbolos es un trabajo poderoso y hermoso a la vez, requiere de mucha entrega y práctica. Los mandalas que creamos están llenos de símbolos y es importante aprender a establecer una comunicación con éstos para poder adentrarnos en un nivel más profundo de trabajo interno. El mundo de los símbolos es un camino iniciático lleno de misterios y de mucho aprendizaje.

Susana Guerini