En esta época de mi vida, viviendo fuera de mi país, he sentido la necesidad de retomar mi práctica de crear mandalas de una manera más constante. Esta vez he querido acompañar el proceso creativo con una pequeña reflexión sobre lo que me dice mi mandala, sobre lo que me dicen las formas y colores de mí misma.

Estoy experimientado la creación de mandalas con la mano izquierda. Combino la mano dominante (derecha) con la izquierda. Los trazos y formas que se dan con la mano izquierda provienen del inconsciente, de la parte desconocida. He podido en estos trazos comprobar la cantidad de figuras y formas que aparecen espontáneamente dejando fluir la mano izquierda. Luego con la mano derecha, la que puede apoyar con recursos, cuando siento hacerlo, completo las figuras que están escondidas, dándoles más forma y cooperando para que afloren los significados.

Son creaciones diferentes, un nuevo mundo puede entrar conjugándose con el otro. En un proceso de expansión me abro a todas las posibilidades, confiando, confiando.

img_2366

 

Este mandala fue creado con marcadores soplables y colores acuarelables. Su nombre:  ” El lenguaje de mi Alma”. Lo he creado en momentos de mucha confusión y oscuridad y mi reflexión luego de verlo y honrarlo ha sido esta:

” Al mirar mi mandala en estos momentos de mi vida me pregunto yo, ¿Cómo puede haber tanta belleza dentro de mí? y me sorprendo..cuánta capacidad interna de regeneración tengo!! Cuánta fuerza, determinación y bondad tiene mi Alma!!

Me sorprendo porque antes de verte mandala mío, no podía percibir nada de esto dentro de mí pero ahora me lo recuerdas, me lo susurras dulcemente.

Háblame claro Alma mía para seguir este camino que me muestras, ¿por dónde está? ¿qué debo hacer? Quiero conectarme y ser una sola con lo que dentro de mí vibra. Que el amarillo se expanda en mi plexo solar, que me dé la fuerza vital, la determinación, la fortaleza para dar pasos hacia mí.

Que el florecimiento de mi sabiduría femenina me abra espacios y caminos maravillosos por los que todavía no he transitado. Que el verde, que la Gran Madre, que el poder de creación, de sanación me cubran, me enseñen el lenguaje de los ciclos, de aprender a vivir mis etapas, las que me corresponden con amor y paciencia.

Que el azul protector me acobije, me sotenga y me proteja en todos los días de mi vida.

Que siempre me sienta cuidada, que siempre me sienta  a salvo! “

img_2364

Este mandala ya contiene trazos de la mano izquierda como pueden ver en el fondo de los colores. Salen intuitivamente y se van formando y teniendo un significado simbólico. Son todos unos mundos cargados de imágenes, mujeres, nidos, sirenas, animales, montañas, etc. Cargadito de significado simbólico. Su nombre:“Sellado con la moneda del Dragón”

“Cuando miro a mi mandala, cuando me miro. Veo mis partes, veo la riqueza de la diversidad de mis etapas, de todo lo vivido en varias épocas. Reconozco mis entrañs, mis raíces, la tierra, el origen. El surgir donde hay muchas fuerzas que me han perimitido estar aquí viva en este cuerpo. Mis ancestros, sus historias, sus dolores, sus fortalezas. De ahí vengo, de ese barro que se cuece para dar forma a lo que soy. (parte baja color café)

Mis querencias, mis apegos, mis solatares hacia las profundidades donse sigo descubriéndome, donde sigo limándome, donde crezco y me purifico. (partes color verde)

Mis sueños, mis vislumbres, mi conexión intensa con el cielo, con la visión, con mi intuición. (parte rosada superior)

Todas las partes participan en mi proceso de alquimia, son como monedas ganadas, monedas valiosas que me dan la posibilidad de acceder como un rayo a una consciencia vital. Y cuando todo se unifica, se integra y se acoge, ocurre la alquimia. Las cuatro monedas se convierten en una sola moneda de oro. (centro)

El dragón custodia y proteje todo mi trabajo realizado y me dá la posibilidad de acceder a una nueva vida.

No canto victoria nunca, solo me doy cuenta que de vez en cuando hago algún progreso. Y cada paso tiene su fin.”

img_2357

Este mandala surge luego de una meditación donde podía percibir una presión y casi dolor en mi pecho. Conectándome con esta percepción corporal vino la imagen de un círculo o anillo grueso en la parte izquierda de mi pecho. Más tarde cuando cuando inicié mi práctica de creación de mandalas sin mentalmente proponerme, dibujé el círculo que había visualizado en meditación.  Su nombre: “Movimiento paticipativo”

“Veo mi centro, ese círculo, ese anillo negro con un hueco y siento mi dolor de vida abriéndose, girando, tratando de buscar su lugar. Tratando de diluirse ya en los movimientos coloridos de mi vida. Los colores de la existencia llegan a mi centro, le dan brillo y luz. La vida empieza a tener sentido de vivirla.

Y entre la incertidumbre, lo complicado, lo nuevo y desconocido, mi espíritu sigue circulando, buscando. Todos flujos en sus diferentes colores traen vida, todos diversos, mágicos, extranjeros. Todos tienen su propósito, llegar al núcleo y liberarlo y abrirlo a la plenitud de la existencia.

Todas las formas, todos los colores, todo lo que ha caminado participa para que se dé el Gran Movimiento, mi propio movimiento.”

img_2363

Este mandala está creado con la mano izquierda, dejando que fluja y se mueva como quiera moverse, no hay intencion específica sino una sincronización con lo que el hemisferio derecho del cerebro quiera expresar. Su nombre: “Tejiéndome”

“Mundo de sueños, magia, ….vacíos e iusiones. Toda una vida creándose continuamente y en cada creación hay nuevas visiones, recuerdos y anhelos. Unos inalcanzables…esta vez, otros posibles y hacia alllí me oriento. Capas y capas que se entretejen entre lo vivido, lo absurdo y lo cruelmente real.

Colores como parches se desplazan, se vinculan, van dando formas pero..¿Quién está detrás? ¿Quien sopla?  Sopla el viento del Gran Espíritu, sopla el viento del círculo que todo lo acoje, que todo lo comprende.

Y me muevo y circulo de maneras insospechadas y sé que estoy purificándome, que todos las corrientes son guiadas, son sostenidas. El viento sabe exactamente cuando impulsarme, cuando dejarme estar.

Y no me queda otra que confiar, confiar en el soplo del Amor incondicional.”

Susana Guerini