Cuando acompaño a personas en sesiones individuales de Mandala-Terapia me entrego a su ritmo y movimiento propio. No sirven ni procedimientos estructurados ni secuencias rígidas para acompañar el proceso sanador con mandalas.

Me mantengo receptiva, escucho mi intuición y pongo en marcha mi creatividad para saber qué técnicas usar en la creación de mandalas, qué tipo de meditación es necesaria en ese momento, qué ejercicios corporales, cuándo seguir, cuándo esperar, cuándo dar retroalimento, cuándo callar.

No es lo mismo que dictar un curso, pues de alguna u otra manera el curso tiene una base estructural donde me puedo mover y cambiar lo que se necesita cambiar de acuerdo al grupo o la persona. En las sesiones individuales vamos haciendo camino al andar. Preparamos la tierra, vamos sembrando, regando, mandala tras mandala, proceso tras proceso. Las expectativas no funcionan, las suposiciones ni diagnósticos tampoco.

Lo que al principio de las sesiones uno cree que es lo que se debe trabajar, durante el proceso aparecen otros temas para ser integrados. Otros que creíamos eran importantes en cambio, en alguna parte del camino del proceso creativo ya se ha integrado también y no hace falta procesarlo más. Es decir, uno nunca puede preveer mucho en estas sesiones, todo ocurre como debe ser y a su propio orden. Y para dejar que fluya el proceso es importante no tratar de controlarlo ni etiquetarlo.

Tomando como ejemplo el proceso mandálico de una de las sesiones de Mandala-Terapia que tuve el honor de acompañar vía skype, comparto los dos mandalas que trabajamos luego de haber creado varios mandalas previamente en varias sesiones. El mandala de la situación angustiante o perturbadora y el mandala de la situación “ideal”:

-Primero, un mandala que representaba la situación perturbadora que se repetía en la vida del alumno. Haciendo primero una conexión interna con rituales de meditación y ejercicios de percepción corporal, se creó un mandala con todas las imágenes, formas, colores, sensaciones, percepciones de la situación angustiante.

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Una vez terminado se lo observa desde una distancia cómoda. El poder ver desde afuera ayuda a tener algo concreto para poder encarar la situación. Tomar distancia permite tener más claridad y comprensión. Cuando uno está metido adentro del rollo apenas puede ver, apenas puede entender, apenas puede salir. El mandala como un recurso en sí, contenedor y sustentador, permite que se expresen todos los elementos conscientes e inconscientes.

Una vez que uno puede ver su situación fuera en su mandala personal, uno puede ahí ponerse en contacto con lo que siente, poner nombre a los sentimientos que acompañan esta situación y a su vez percibir en qué parte del cuerpo se alojan. Escucho todo lo que quiera comunicar acerca de su mandala, para la persona poder confirmar luego con palabras, ayuda a consolidar el proceso. Pueden haber reacciones o movimientos corporales, lágrimas, gritos, se dá espacio para lo que se necesite mover en ese momento, para completar lo que no pudo ser completado en esa situación vivida. Es decir, ya se está dando una comunicación de ambos hemisferios, trabaja el izquierdo y luego trabaja el derecho y viceversa.

-Segundo, un mandala representativo de la situación “ideal”, es decir donde me conecto con mis capacidades y mis dones. Donde vivo lo que quiero y cómo quiero y donde encuentro soluciones, donde me cargo de fuerza y determinación.

Así mismo haciendo un ritual de conexión con “lo que desea vivir en mí”, que ahora luego del primer mandala está más claro, ahora que hay espacio para ver mejor, se crea el mandala con la situación ideal.

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En este mandala se fortalece la persona con recursos, encuentra soluciones para salir de esas situaciones, pasos específicos y guía.

Así la situación perturbadora se debilita. Alcanzamos a través de este mandala una resolución integrativa. La cara, la voz de mi alumno son otras, más relajado, mas centrado, más claro en los pasos que quiere seguir y cómo conseguirlos. Estamos haciendo el swich entre la impotencia, el caos, la oscuridad, y  la determinación, la solución, la esperanza y el empoderamiento.

Susana Guerini