Category: historia del mandala


DSC00272Hay que tener muy claro qué estoy buscando en el trabajo con los mandalas y cuál es mi motivación. Hay dos maneras en mi parecer, en las que se puede abordar el trabajo con mandalas. Una es como un trabajo estético, artístico, que también es válido y el otro es un enfoque de utilización terapeútica, espiritual y como una herramienta de auto-conocimiento. Por supuesto poseemos de libre albedrío y habrá quienes se sientan cómodos utilizando mandalas de manera superficial, artística, decorativa y otros que se acerquen al trabajo con mandalas con un profundo respeto y una actitud de búsqueda interna. Dependerá mucho de lo que realmente estamos buscando y tener claro cuáles son los objetivos propios en nuestro acercamiento con los mandalas.

Dentro del enfoque de auto-conocimiento y de búsqueda personal y espiritual, veo con tristeza como su valor, su magia, su misterio, sus bondades, son subestimados, utilizados para vender a un público que lo que le interesa es estar en la moda espiritual y consumir productos espirituales rápidos. Se pretende entrar en el mundo de los mandalas, de forma rápida, inconsciente y superficial.

Se está comercializando el trabajo con mandalas como moda espiritual, fomentando las ofertas de todo tipo donde básicamente se promueve la competición feroz de quién hace mandalas más bonitos y perfectos.

Hay blogs y blogs donde se repite una y otra vez la misma información de los mandalas, eso sí no podía faltar los significados e interpretaciones baratas de las formas y colores de nuestros mandalas. Como si pudiéramos entendernos a través de recetas mágicas y conceptos fijos. Y me pregunto, cómo se puede definir de manera tan simple todo el misterio mandálico que somos?

Si todo y todos estamos en continuo movimiento de expansión y contracción, cómo podemos definirnos con significados estáticos? Y si cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles cómo podemos calzar dentro de interpretaciones y significados generales y de masa?

Se deja de honrar el verdadero trabajo con mandalas, se le suprime su belleza y generosidad divina cuando lo comercializamos para fines económicos. Y como no basta estar “in” alardeando que hacemos mandalas preciosos, hay quienes quieren tener certificados, diplomas que los acrediten para facilitar talleres y así entra el negocio de la formación de “profesores de mandalas”.

El mandala ha sido utilizado desde sus orígenes como una vía para la evolución de la consciencia y muchos lo han convertido en una simple clase de pintura artística donde la que tiene dones artísticos resaltará ante las demás y las que simplemente no tienen esos dones, se retirarán frustradas y decepcionadas con la autoestima por los suelos.  ¿Cómo podemos en estas circunstancias trabajar nuestra autoestima a través de nuestros mandalas?

Los mandalas y su creación personal así como la meditación con éstos, están para quienes están dentro de un camino de auto-conocimiento y desean profundizar en sus procesos internos, así también para quienes buscan volver activar su intuición y creatividad para poder emplearlas en los desafíos de la vida diaria.

Se nos ha dado el mandala para abrirnos un camino directo hacia nuestra propia sabiduría. El trabajo con mandalas llega a nosotros para centrarnos, para integrar nuestras emociones, para ordenar la mente y poder conectar con lo Divino. ¿Cómo podemos realmente adentrarnos en este trabajo si sólo nos limitamos a pintar uno o dos mandalas en dos horas de taller?

Para mí, el trabajo con mandalas es básicamente un trabajo que se mueve por experiencias propias, es puramente vivencial y aunque pareciera algo tan simple, en su aparente “simpleza” abarca un extraordinario abanico de posibilidades para poder tenerlo como una herramienta valiosa en nuestro camino de auto-conocimiento. Primero siempre vivenciándolo en uno mismo, una y otra vez, para luego compartirlo con los demás. Mientras más se entrega uno a este trabajo, más capacidad tiene para acompañar a otros en este camino.

En mi experiencia propia, entrar en el mundo de mandalas nos hace siempre ser aprendices, porque en cada momento el trabajo con mandalas nos trae nuevos y nuevos aprendizajes, es una herramienta con una abundancia infinita que se vá desplegando sutilmente en la medida en que nos vamos entregando a ella.

Sé que no podemos escapar tan fácilmente de este sistema opresor y de consumo por eso, es necesario informarnos más y tener mayor consciencia para discernir entre lo importante de lo no tan importante, de lo que mi alma está pidiendo, de lo que hacen las masas, entre lo auténtico de lo superficial.

Trabajar con mandalas hace que paremos nuestro corre corre por la vida, parar en nuestras vidas y empezar a mirarnos en nuestro interior. Y si pretendemos llegar a ésto, no busquemos talleres rápidos y con fines artísticos que no permitan adentrarnos en la quietud y en la autoreflexión. Mientras más tiempo entregas a este trabajo, más podrás recibir!

Este camino mandálico es un camino de mucha revelación y profunda transformación. Un camino donde hay mucho que aprender y mucho más que des-aprender.

Recomiendo a todas las que estén con el llamado a conocerse verdaderamente, a comprenderse, desarrollarse y mejorar en algo su calidad de vida interna buscar propuestas con sustancia, propuestas que impliquen más entrega y no sólo de tiempo, sino de entrega personal para poder llenarse de lo mejor de uno mismo.

Historia y Origen del Mandala

La palabra mandala viene de la India y proviene del sánscrito, y significa “Círculo Sagrado”. Es un símbolo de sanación, totalidad, unión, integración, el Absoluto.

Psicológicamente, los mandalas representan la totalidad de nuestro ser. Dado que reflejan la psique humana, cada persona responde a ellos instintivamente, más allá de su edad, género, raza, cultura, etc.

En la cultura egipcia, los mandalas eran utilizados debido a la fuerza que estos transmitían, llenando de energía el lugar y como instrumento de meditación profunda. También se usaban dentro de las casas para atraer la energía o transmutar la negativa en positiva, así como para crear armonía y balance en la casa.

En la civilización China aun en la actualidad, son utilizados para generar abundancia y prosperidad así como para fortalecer la salud.
En tribus indígenas americanas se hacen presentes en coloridos bordados adornados con plumas y animales nativos.
En algunas tradiciones se empleaban como protección contra los malos espíritus y como una especie de amuleto para promover la valentía y el coraje.
Los nativos Navajo celebraban ceremonias, las cuales incluían oraciones y pinturas de arena representando diversos mandalas. Estos no eran permanentes, invocaban a los seres sagrados a la vez que servían como altares provisionales. Se dibujaban dentro de los hogares beneficiando, con cada mandala, no solo a los habitantes de esa casa, sino también a todos los miembros de la tribu.
Los Dogon de Mali poseen una metafórica relación entre el lenguaje y los símbolos, sus complejos mandalas hablan del “huevo de amma” como el vientre que alberga los signos del mundos, de ahí que el mandala mas representativo de esta maravillosa cultura tiene forma ovoide, trazado por una cruz en su interior, la misma divide al mandala en cuatro partes distintas que representan a su vez lo cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales.
Para esta cultura, meditar y trabajar la propia evolución sobre la base de sus mandalas, es un elemento esencial para llegar a comprender su lugar en este mundo así como para identificarse con el cosmos y con el infinito.
La Cábala, ciencia sagrada que obedece a las leyes más simples de la naturaleza, posee dos principios que la sostienen: las letras del alfabeto hebreo y los “Sefirot”.

Los sefirot están formados por diez esferas, en las cuales la luz divina es recibida y se manifiesta a través de ellas. Las diez etapas sucesivas de la luz, dan al hombre la posibilidad de comprender el infinito y acercarse a lo Divino.

Las 22 letras hebreas pasan por los 10 sefirot del árbol de la vida, formando así el mandala.
Cada sefirot representa distintos planos de la conciencia por los cuales es necesario transitar para evolucionar y encontrar así, la esencia del ser en una unión con lo absoluto.
Las runas de las tradiciones nórdicas, son contenedoras de diversos símbolos que representan la búsqueda de la armonía en relación con lo interno y lo externo. Representan energías sagradas que hacen referencia a los distintos planos de la conciencia.
A pesar de que los mandalas se encuentran presentes en cada rincón del mundo, sus origenes nacen en el Janaismo, Tantrismo, Hinduismo, Budismo y lamaísmo.
Su nombre hace referencia al sánscrito, en tibetano es KYLKHOR (KYL: centro KHOR: circulo) literalmente seria “el centro de los alrededores”.
Los mandalas tibetanos de arena suelen elaborarse a pedido de la comunidad con la intención de traer paz y armonía al mundo, a un lugar determinado y a sus habitantes; también son utilizados como valiosas bendiciones y como instrumentos de meditación activa, cuya esencia descansa en su construcción.


Un mandala es básicamente un círculo, es la forma perfecta, y por ello nos representa el símbolo del cosmos y de la eternidad. Nos representa la creación, el mundo, el Dios, el ser humano, la vida. Podríamos decir que todo en nuestra vida posee las formas del círculo. Desde el universo (el sol, la luna, los planetas) hasta el esquema de toda nuestra naturaleza, los árboles, las flores, entre otros, todos siguen una línea circular. ¿Y que decir del átomo o la célula?. Todo lo que nos rodea tiene la forma de círculo. Que al mismo tiempo nos representan los ciclos infinitos de la vida. Y si observamos nuestro cuerpo, nos daremos cuenta que todas nuestras formas son redondeadas, esto nos recuerda que somos sistemas dentro de sistemas, pertenecemos al Absoluto y el Absoluto está en nosotros.

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