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Jung cada mañana elaboraba un mandala para comprender sus propios procesos psíquicos e interpretar sus sueños. El estaba convencido de que el ámbito de los sueños reflejaba la riqueza y la complejidad del inconsciente personal y colectivo. Jung opinaba que la psique es un organismo de autorregulación en el que las actitudes conscientes son propensas a ser compensadas por el inconsciente (dentro del sueño).

En nuestros sueños ya estamos proyectando contenidos inconscientes que necesitan moverse para ordenarse y para que nuestra fragmentación en el estado de vigilia pueda juntarse y completarse en estados de sueño. Para mí, en los sueños seguimos procesando aquello que ha estado pendiente o que despiertos no hemos podido integrar.  Así mismo en nuestros mandalas personales también estamos proyectando lo que hemos llevado a la sombra para poder sobrevivir. Dos herramientas que nos dan mucha información sobre lo oculto en nosotros y la posibilidad de accederlo para llevarlo a la consciencia.

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Es importante recalcar primeramente que todos somos potencialmente intuitivos y la capacidad intutitiva no es reservada tan solo a unos pocos. Se trata simplemente de una visión más amplia y profunda de nuestro mundo interno y consecuentemente del  mundo que nos rodea. Y es que la intuición irrumpe en la mente sin pasar por el filtro del análisis y la lógica. Esta percepción, una vez desarrollada, nos vá a permitir percibir la realidad de un modo más completo, de manera que vá a ser posible presentir sucesos, descubrir intenciones ocultas, evitar peligros e ir con más seguridad cuando se trata de tomar decisiones importantes en la vida. En el trabajo con la herramienta “Mandala Intuitivo” estamos descubriendo nuestra capacidad intuitiva y despertando ese sexto sentido que se llega a convertir  con el tiempo en nuestro fiel compañero. Uno de los padres de la psicología, Carl Gustav Jung, decía que la intuición es una de las cuatro funciones de la psique. La primera es la percepción; la segunda, el pensamiento; la tercera, el sentimiento y finalmente, en cuarto lugar, nos encontramos con la intuición. Esta última función le permite al individuo recordar y almacenar las experiencias vividas y le ayuda a orientarse para cumplir con su misión en la vida. También es importante señalar que la intuición procede directamente del inconsciente. Es decir, maneja datos que el individuo ha olvidado, reprimido o no tiene presentes todo el tiempo. El trabajar con el “Mandala Intutivo” nos ayuda a obtener más información oculta de nosotros, actualiza sentimientos guardados, experiencias traumáticas bloqueadas, sueños del Alma olvidados, recuerdos y heridas dolorosas que han sido guardadas sin integrar en alguna parte profunda de nuestros inconsciente. Y en este proceso intutitivo de liberación, el “círculo sagrado” como un contenedor amoroso y protector, sostiene, unifica, abraza lo que vamos re-descubriendo de nosotros mismos.

Liberando la creatividad

Si queremos tomar contacto con nuestro potencial intuitivo, debemos deshacernos de los mecanismos lógicos y racionales con que nos manejamos habitualmente. La intuición no se activa por medio de la razón sino de la imaginación, la creatividad, la capacidad de tomar caminos mentales nuevos, no convencionales. Es por esto que en los cursos de “Mandala Intuitivo” damos mucha importancia al vivir experiencias nuevas y creativas en cada clase, en cada mandala creado. La razón y la lógica pueden hacer su aparición en las dos primeras clases al tratar de racionalizar todo y también como un mecanismo de defensa ante lo desconocido. Pero si insistimos en querer razonarlo todo, difícilmente podremos conectarnos con nuestra intuición. Gradualmente el trabajo con esta herramienta hace que las personas se vayan rindiendo ante su propia creación, ante sí mismos. Activamos nuestra imaginación y nuestra creatividad mientras creando nuestros propios mandalas y estamos así desarrollando nuestra inteligencia intuitiva cuya sabiduría está basada en nuestras propias experiencias y no en conocimientos ajenos….y esa es la verdadera sabiduría!  Sólo a través de la imaginación y la creatividad es posible integrar armoniosamente la información, los deseos y los sentimientos. La intuición debe ser entrenada continuamente porque puede dormirse si uno no la está activando. Y mientras más se entrene uno, más confianza y seguridad tendrá en su propia intuición como una brújula interna que guiará nuestro camino. Al crear nuestros propios mandalas estamos entrenando nuestra capacidad intuitiva y mientras más entrenamos más expertos nos podemos volver.

Interpretando los mandalas

Cuando uno comienza el curso de “Mandala Intuitivo” es muy común que la lógica y la razón pidan automáticamente que se les dé interpretaciones y análisis lógicos y racionales de sus mandalas. Estamos acostumbrados desde pequeños a que nos digan qué hacer y qué no hacer y por qué, en la infancia, en la escuela y hasta en la universidad. Estuvimos todo el tiempo simplemente recibiendo lo externo sin activar nuestra propia creatividad y nuestra propia intuición. Pero con el “Mandala Intutivo” aprendemos a buscar intutitivamente en nuestro “libro interno” las interpretaciones que van con nosotros y con las que nos sentimos cómodos. El mandala creado por nosotros mismos es un reflejo de un proceso vivo por lo que al volverlo a contemplar luego de un tiempo se obtienen nuevas pistas, nuevas intuiciones. Cada persona tiene un vocabulario propio y único de significados, algunos permanecerán inalterados y otros cambiarán con el tiempo. Cada uno es un universo propio y único que ha vivido y está viviendo experiencias diferentes, por eso no usamos interpretaciones ajenas, externas y de masa. Escuchando a la intuición, cada uno encuentra su propia interpretación, la que hace vibrar su corazón y dice: ” si!! eso es!! Y así aprendemos a dejar la dependencia a que otros nos digan lo que nos pasa, a que nos den recetas mágicas y nos den interpretando nuestros mandalas. Activando la intuición con “Mandala Intuitivo” hace que nos empoderemos de nosotros mismos, de nuestra capacidad intuitiva y nos asumimos frente a lo que descubrimos, frente a nosotros mismos y a nuestras vidas. Esto hace que confiemos más en nosotros mismos fortaleciendo nuestra autoestima y así estar en la capacidad de  utilizar nuestra intuición sin dudar en decisiones importantes en nuestra vida.

Susana Guerini Protegido por Registro de Propiedad Intelectual

Carl Gustav Jung (1875-1961) postuló que los Mandalas eran representaciones de la mente, puesto que se trataban de arquetipos en los que confluían los aspectos conscientes e inconscientes de los seres humanos. Por lo tanto empleo la pintura de Mandalas como recurso terapéutico para identificar desórdenes emocionales en sus pacientes y trabajar en procura de la integridad de la psiquis humana. Jung consideraba que el comportamiento del individuo se formaba a partir de dos estructuras básicas de consciencia: la individual y la colectiva. La primera era el resultado de la experiencia vital de la persona en tanto que la segunda se heredaba del medio circundante próximo. Desde esta perspectiva el centro del Mandala se asociaba con la manifestación de la individualidad-concebido como objetivo destinado a perfeccionar- y los contornos representaban el marco social en el que ese rasgo único se desarrollaba.

Primer mandala de Jung >>>>>>>>>

El Mandala como símbolo

El símbolo es una unidad sintética de significado entre dos polos opuestos: lo manifiesto y lo oculto. Tras su sentido objetivo y visible se oculta otro sentido invisible y más profundo. Unen a través de sus imágenes la vida consciente e inconsciente del individuo, a modo de integración.
Lo simbólico se puede expresar tanto en el arte gráfico como en las formas dinámicas de las fantasías, las visiones y los sueños.

Los estudios de Jung sobre el simbolismo del Mandala lo condujeron a definirlo como “la expresión psicológica de la totalidad del ser”.
Según Jung en el interior de la psiquis del individuo existía un núcleo relativamente protegido de la influencia de los miedos las obsesiones u otros elementos que generaban caos y malestar. De acuerdo con esta teoría el Mandala constituía una imagen circular que detentaba un centro difusor de orden que compensaba la confusión presente en el estado psíquico. A través de ese núcleo se establecía la construcción de un punto central con el que todo lo demás se relacionaba.
Para Jung la producción de símbolos mandálicos era un medio eficaz para alcanzar la unidad simbólica y le permitía al sujeto llevar a cabo la conciliación entre la esfera consciente y el domino inconsciente, teniendo en cuenta que la simbolización es el mecanismo fundamental por el cual se manifiesta el inconsciente , la producción de dibujos mandálicos era más eficaz que el proceso mismo del análisis.

El inconsciente colectivo

El concepto de inconsciente colectivo fue postulado por Jung para explicar la existencia de un lenguaje compartido por los seres humanos de todo tiempo y lugar. Esta herencia de la humanidad , según su teoría, estaba formada por símbolos primitivos ( imágenes primordiales) que permitían la expresión del contenido de la psiquis que trascendía el marco de la razón, por lo tanto la humanidad poseía un sustrato común de contenido inconsciente.
Las imágenes primordiales son los arquetipos. Jung definió a los arquetipos como formas o imágenes de naturaleza colectiva, que dan casi universalmente como constituyentes de los mitos y, al mismo tiempo, como productos individuales autóctonos de origen inconsciente.
Los arquetipos son los patrones fundamentales de la formación de símbolos que se repiten en los contenidos de las mitologías de todos los pueblos de la historia de la humanidad.
De los arquetipos dependen las últimas y más profundas motivaciones de la mente y la conducta humana individual y colectiva.
Las pautas culturales en última instancia dependen de los arquetipos.

Jung creía ver en el círculo del Mandala a la expresión de los antagonismos y polaridades psíquicas, siendo el inconsciente el centro rector que gobierna a los opuestos. El nombre psicológico de esta dialéctica es llamada “ ambivalencia”.
La presencia de lo masculino y de lo femenino,
El yin y el yang, lo consciente y lo inconsciente son a la vez recíprocos y excluyentes, se hacen uno y luego vuelven a separarse. La represión de este núcleo hace que su fuerza resulte más persistente e ingobernable.

Los fenómenos de escisión y división recogidos por la psiquiatría occidental bajo la forma de esquizofrenia o psicosis, remiten al proceso de disgregación de la unidad originaria como resultado, dice Jung, de la colisión entre lo consciente y lo inconsciente. En las tradiciones espirituales orientales la escisión no posee un valor psicológico sino que es la expresión de un nivel de consciencia inferior.
Jung consideraba la escisión como una tendencia inherente a la psique humana, sea esta oriental u occidental.

Por ello Jung prescribió desligar la conciencia de todo aquello que la someta a la dualidad aparente, a fin de que la misma pueda percibir lo esencial.
La conciencia debe desligarse de toda voluntad de dominio y de cualquier intromisión del ego, de esta manera la conciencia ya no le impone su ley a la vida sino que se suma a ella se uno con la totalidad. Una y otra son contiguas, y por lo tanto sincrónicas. No hay anhelos, deseos o propósitos con arreglo a los cuales el curso de la existencia es obligado a desviarse o ramificarse.
El hombre regresa, así, a la fuente de la cual proviene.

La armonía de la parte inconsciente con la consciente del sujeto se encuentra en el sí-mismo o self. Según Jung “el self es el orden dentro de la psique”. Este concepto es lo opuesto al yo. El self es un arquetipo equilibrador de las partes concientes e inconscientes del sujeto. Así, la salud del sujeto equivale al proceso adecuado del self, que atiende a los elementos de la consciencia y a integrar los aspectos inconscientes. Entendido de esta manera un malestar emocional es provocado si las expresiones del inconsciente no son adecuadamente atendidas y simbolizadas

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La unificación de las esferas conscientes e inconscientes garantiza el desarrollo del proceso de individuación, este último concepto implica el equilibrio y armonización de la psique, la búsqueda de la realización del propio ser.
La posibilidad de integrar la totalidad de lo profundo del inconsciente colectivo hacia la opción de creatividad y el desarrollo personal alcanzando así la autorrealización.

Para los junguianos, la única posibilidad que tiene el hombre de salir de la angustia y vacío del mundo moderno, es abrirse a los mensajes de crecimiento personal que proporciona el inconsciente universal y objetivo, a los mensajes del inconsciente colectivo.

Jung postulaba que el único camino era apartarse de la ilusión (Maya) del mundo moderno experimentar las fuerzas “numinosas” (espirituales) las verdades universales y eternas que residen en su inconsciente colectivo.

Jung equiparó el Mandala con el ojo humano en términos morfológicos y en sentido espiritual.

Consideró que se trataba de un prototipo de Mandala porque este órgano humano representaba la vista y la luz, así como la consciencia.
Se trataba según su postura, de una parte del ser humano que contemplaba al universo y determinaba la posición del observador en éste; absorvía energía cósmica y la exhibía ante el espíritu interior. Representaba la Unión entre el individuo y el cosmos.

Por otra parte observó que la disposición concéntrica de los elementos del Mandala y en simetría radial constituían las propiedades inherentes del iris ocular.
Para Jung, la presencia simultánea de varios diseños oculares, denotaba la interpretación del inconsciente como una consciencia múltiple.

Artículo tomado de la red

Historia y Origen del Mandala

La palabra mandala viene de la India y proviene del sánscrito, y significa “Círculo Sagrado”. Es un símbolo de sanación, totalidad, unión, integración, el Absoluto.

Psicológicamente, los mandalas representan la totalidad de nuestro ser. Dado que reflejan la psique humana, cada persona responde a ellos instintivamente, más allá de su edad, género, raza, cultura, etc.

En la cultura egipcia, los mandalas eran utilizados debido a la fuerza que estos transmitían, llenando de energía el lugar y como instrumento de meditación profunda. También se usaban dentro de las casas para atraer la energía o transmutar la negativa en positiva, así como para crear armonía y balance en la casa.

En la civilización China aun en la actualidad, son utilizados para generar abundancia y prosperidad así como para fortalecer la salud.
En tribus indígenas americanas se hacen presentes en coloridos bordados adornados con plumas y animales nativos.
En algunas tradiciones se empleaban como protección contra los malos espíritus y como una especie de amuleto para promover la valentía y el coraje.
Los nativos Navajo celebraban ceremonias, las cuales incluían oraciones y pinturas de arena representando diversos mandalas. Estos no eran permanentes, invocaban a los seres sagrados a la vez que servían como altares provisionales. Se dibujaban dentro de los hogares beneficiando, con cada mandala, no solo a los habitantes de esa casa, sino también a todos los miembros de la tribu.
Los Dogon de Mali poseen una metafórica relación entre el lenguaje y los símbolos, sus complejos mandalas hablan del “huevo de amma” como el vientre que alberga los signos del mundos, de ahí que el mandala mas representativo de esta maravillosa cultura tiene forma ovoide, trazado por una cruz en su interior, la misma divide al mandala en cuatro partes distintas que representan a su vez lo cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales.
Para esta cultura, meditar y trabajar la propia evolución sobre la base de sus mandalas, es un elemento esencial para llegar a comprender su lugar en este mundo así como para identificarse con el cosmos y con el infinito.
La Cábala, ciencia sagrada que obedece a las leyes más simples de la naturaleza, posee dos principios que la sostienen: las letras del alfabeto hebreo y los “Sefirot”.

Los sefirot están formados por diez esferas, en las cuales la luz divina es recibida y se manifiesta a través de ellas. Las diez etapas sucesivas de la luz, dan al hombre la posibilidad de comprender el infinito y acercarse a lo Divino.

Las 22 letras hebreas pasan por los 10 sefirot del árbol de la vida, formando así el mandala.
Cada sefirot representa distintos planos de la conciencia por los cuales es necesario transitar para evolucionar y encontrar así, la esencia del ser en una unión con lo absoluto.
Las runas de las tradiciones nórdicas, son contenedoras de diversos símbolos que representan la búsqueda de la armonía en relación con lo interno y lo externo. Representan energías sagradas que hacen referencia a los distintos planos de la conciencia.
A pesar de que los mandalas se encuentran presentes en cada rincón del mundo, sus origenes nacen en el Janaismo, Tantrismo, Hinduismo, Budismo y lamaísmo.
Su nombre hace referencia al sánscrito, en tibetano es KYLKHOR (KYL: centro KHOR: circulo) literalmente seria “el centro de los alrededores”.
Los mandalas tibetanos de arena suelen elaborarse a pedido de la comunidad con la intención de traer paz y armonía al mundo, a un lugar determinado y a sus habitantes; también son utilizados como valiosas bendiciones y como instrumentos de meditación activa, cuya esencia descansa en su construcción.


Un mandala es básicamente un círculo, es la forma perfecta, y por ello nos representa el símbolo del cosmos y de la eternidad. Nos representa la creación, el mundo, el Dios, el ser humano, la vida. Podríamos decir que todo en nuestra vida posee las formas del círculo. Desde el universo (el sol, la luna, los planetas) hasta el esquema de toda nuestra naturaleza, los árboles, las flores, entre otros, todos siguen una línea circular. ¿Y que decir del átomo o la célula?. Todo lo que nos rodea tiene la forma de círculo. Que al mismo tiempo nos representan los ciclos infinitos de la vida. Y si observamos nuestro cuerpo, nos daremos cuenta que todas nuestras formas son redondeadas, esto nos recuerda que somos sistemas dentro de sistemas, pertenecemos al Absoluto y el Absoluto está en nosotros.

Tomando de la red