Mi viaje con los mandalas ha sido  un viaje mágico lleno de reconocimiento, de descubrimiento, de plenitud. Un viaje que quiero compartir y que quiero expandir con los demás en constancia de mi propia experiencia y agradecimiento a la vida por habérmelo puesto en mi camino.

Empezó a mediados del año 2.000, cuando mis primeros trazados eran tan sólo formas circulares, intuitivas, llenas de colores, vida y mucho potencial:  https://mandalaintuitivo.wordpress.com/2013/02/25/compartiendo-mis-comienzos/

Al principio para mí sin mucho sentido, pero poco a poco iba creando con los círculos muchas imágenes y fue así cómo empezó mi relación íntima con los mándalas. Una relación amorosa, que me sostiene, acompaña y acoge.

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En un principio mi mente, mis conceptos eran una barrera para poder soltarme. El “tengo que  hacerlo correctamente”, el que “quedara lindo para los otros”, el que “tiene que ser simétrico”, el que “deben combinar los colores”, todos estos impedimentos aparecieron en  mí y fueron soltándose poco a poco a medida que seguía con mi práctica de los mándalas, entregándome y rindiéndome ante mi propio Ser.

“Y es que no estamos haciendo una obra de arte, estamos sacando lo que llevamos dentro”

Y así uno se vá adentrando en esta maravillosa herramienta, pasito a pasito, como un niño que empieza a aprender a andar por sí mismo, con temor, dudas, conceptos y luego  caminando con soltura dentro del Ser único que somos.

Es un camino único, propio e individual en donde las sensaciones y sentimientos que nacen son solo de uno, un tiempo propio de entrega total e incondicional a nuestro Ser.

Es una herramienta que no depende de otros, sino de uno mismo. Crear un mandala es posible para cualquier persona sin excepción. Es una herramienta que se la puede aplicar en cualquier lugar y cuándo más lo necesitamos está ahí a nuestra disposición como un regalo para nosotros mismos y para los demás.

Creando mandalas en mi propio lugar de mi casa, en la playa con un bello atardecer, en un avión usándolo para mitigar el miedo al avión , en donde fuera, me acompañaba la necesidad de crear mandalas.  Acompañada por música y ambientes abiertos,  en soledad sin otros, en compañía perfecta ..conmigo misma.

Dar a luz un mandala es un acontecimiento de creación única, auténtica, que surge desde nuestra profundidad. El círculo sagrado surge desde nuestra situación interna a través de colores y formas en una danza intuitiva que nos ayuda a vernos, a comprendernos, a manifestarnos. Y su creación conlleva todo un movimiento interno donde nuestro inconsciente empieza a trabajar a través de sueños, de conexiones, de vislumbres. Cada mandala tiene su propia energía y movimiento en nosotros, unos quedan impregnados en nosotros durante días de procesos, otros se cierran en pocas horas.

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En un ritual de auto-integración, nos dejamos fluir y nuestra inspiración para la creación de un mandala es nuestro propio interior que quiere manifestarse, que quiere darse a conocer y ponerse a nuestro alcance.

Mandala tras mandala a través de éstos años me han acompañado y me han sostenido en las noches oscuras del Alma, brindándome calma, orden, claridad en mis procesos. Mandalas de todo tipo, todos válidos, todos únicos e irrepetibles. Lápices de colores, acuarelas, acrílicos, conchas, tierra, pasteles, pintura de mano,  todo es posible con imaginación y conexión con lo que uno necesite en ese momento.

Se despierta lo dormido, se conoce lo desconocido en uno, se activan los procesos ocultos en todo un maravilloso proceso de creación donde uno es el autor y protagonista. Y la verdad es que  al crear un mandala estamos trabajando por y para nosotros mismos.

Limpiando la mente, dejando a un lado todo lo racional y lógico guiándonos con la intuición, el lenguaje de nuestro corazón, como brújula hace que el “Mandala Intuitivo” sea una herramienta de crecimiento y desarrollo interno  única y valiosa.

Estar de cara ante tu Ser más íntimo es una experiencia sin igual, un encuentro mágico y sublime donde no hay tiempo ni espacio sino tan solo una espiral de energía y vibración que te conecta con lo más Divino expandiendo la maravilla de tu Ser.

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BENEFICIOS

Entre numerosas terapias y herramientas que he experimentado, la creación de mándalas es la experiencia más integradora y enriquecedora que he tenido. No hay relación dependiente de terapeuta-paciente, ni maestro-alumno, ni shamán-cliente, aquí sólo estás contigo mismo, re-encontrándote, re-descubriéndote,  y apoyándote a ti mismo con el corazón abierto.  Porque sólo lo Divino sabe exactamente cada paso, cada sentimiento, cada proceso que vives.

Las virtudes terapeúticas del mándala es que permiten recobrar el equilibrio, re-conectarnos con nuestro Ser, permiten que se ordene nuestro interior, dan lugar a que se manifieste nuestra energía creativa,  conceden una calma interna y sin duda alguna un mayor conocimiento de uno mismo.

El mandala es una ayuda terapeutica de gran valor, un campo intuitivo de autoayuda.

En cada color, en cada línea trazada te entregas siendo color, siendo forma, siendo líneas, siendo la misma energía y empiezas a rebozar de conexión con lo más esencial. Y sabes que estás sanando, sabes que el universo entero está incluído en tí y que te estás conectando con las más altas  vibraciones porque formas parte de éstas. Te estás haciendo un regalo, estás haciendo un regalo al mundo entero.

En el acto de crear un mándala se entra en un estado de meditación y contemplación. Todos estamos constantemente buscando el centro, en una búsqueda espiral del Alma por centrarse y conservarse en el centro ante tanta distracción externa de la vida cotidiana. Y es que sólo en el centro podemos sostenernos ante las adversidades y desafíos de la vida.

Estar centrados, conectados con el centro nos permite entrar en la vida desde ese punto y poder, y desde ese trono movernos con libertad en todos los aspectos de la vida sin que nuestra esencia se vea afectada. Vivir desde el centro, vivir desde el corazón, es nuestra tarea en un mundo tan complejo y conflictivo en que vivimos.

Vivimos separados, desintegrados de nosotros mismos, de los otros y de la naturaleza. Es imprescindible volver a nosotros primero, integrarnos a lo que Somos, a reconocernos y formar una unidad en nuestro interior para reflejarlo en los demás, en nuestro hogar y en el planeta Tierra. Y la creación de mandalas aquí es un arte milenario, una  ayuda ancestral para volver a integrarnos y unirnos.

impulsos divinos(mis primeros mandalas)

Crear un mandala nos permite crear un Orden interior en nosotros mismos y nos brindará serenidad cuando nos encontremos en situaciones de mucha tensión y angustia en nuestras vidas.

Finalizar el mandala tras un tiempo sin tiempo  y contemplar al “recién nacido” , a esa parte nuestra desde todos los ángulos, con una satisfacción interna de habernos re-velado y re-encontrado a nosotros mismos. Entrando en una relación íntima con él, meditando y honrándolo….honrándoMe, sin emitir juicio alguno.

La creación de un mandala es una experiencia que  hay que vivirla para poder conocerla y comprenderla totalmente.

Susana Guerini

*Artículo protegido por el Registro de Propiedad Intelectual, se prohibe la copia total o parcial sin mencionar mi autoría.